Como parte de nuestro desarrollo y crecimiento en el evangelio hemos recibido alguna impartición espiritual para fortalecimiento y esperanza nuestra y en los demás.
Dios utiliza vasos de bendición que por medio de los dones del Espíritu nos ayudan en nuestro crecimiento.
Hemos sido ministrados con dones espirituales que nos afirman y ayudan a crecer fuertes en el Señor.
De esta manera el Espíritu Santo nos fortalece y establece en la fe.
Ese era uno de los propósitos del apóstol Pablo al querer visitar a los hermanos en Roma.
“Siempre pido en mis oraciones que, si es la voluntad de Dios, por fin se me abra ahora el camino para ir a visitarlos. Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don espiritual que los fortalezca; mejor dicho, para que unos a otros nos animemos con la fe que compartimos.” (Rom 1:10-12, NVI)
Aunque para este momento el apóstol Pablo no conocía personalmente a los hermanos en Roma, oraba constantemente al Señor por ellos. Su deseo en el Señor era impartirles un don espiritual.
Impartición Espiritual Es Mutua.
El apóstol Pablo pensaba en fortalecer la fe de la iglesia a través de los dones del Espíritu. Sin embargo les hace ver que es mutuamente como se pueden animar y fortalecer con la fe de ambos.
La impartición espiritual es mutua, de doble vía. Tanto damos como recibimos.
Debemos reconocer que otros nos pueden fortalecer y animar a través de su fe.
Nos necesitamos unos a otros y hay un poder tremendo en la cooperación.
A nadie debemos descartar, no debemos menospreciar a ninguno.
“No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.” (Fil 2:3-4, NVI)
Nos necesitamos unos a otros y hay un poder tremendo en la unidad y el trabajo en equipo.
La frase “unos a otros” se usa 58 veces en el Nuevo Testamento para recordarnos que el Señor quiere que trabajemos juntos constantemente y nos ministremos unos a otros.
El caso de Onésimo, (rentable, útil) quien en algún tiempo no fue de mucha utilidad para Filemón, ahora Pablo lo había engendrado, y debía recibirlo como si fuera el mismo apóstol Pablo.
Impartiendo Nuestra Vida.
Más allá de un don espiritual, el deseo del apóstol Pablo era impartir su propia vida en los creyentes.
“Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegasteis a sernos muy amados.” (1Te 2:8, LBLA)
Su compromiso no fue de forma fría y común de compartir el evangelio de Dios; sino que salió de lo más profundo de su corazón. Tenía un gran afecto, y cuando hay amor, uno no pone límites.
Igual que nuestro Señor Jesús, no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida por otros.
“Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mar 10:45, LBLA)
Esto implica impartición no solo en lo espiritual sino también de recursos, tiempo, actitudes.
Ayudemos A Los Débiles.
“Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación. Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: LOS VITUPERIOS DE LOS QUE TE INJURIABAN CAYERON SOBRE MI.” (Rom 15:1-3, LBLA)
“Hermanos, también les rogamos que amonesten a los holgazanes, estimulen a los desanimados, ayuden a los débiles y sean pacientes con todos.
Asegúrense de que nadie pague mal por mal; más bien, esfuércense siempre por hacer el bien, no sólo entre ustedes sino a todos.” (1Te 5:14, NVI)
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